Por Sabrina García
Luis Maderna tiene 74 y desde hace 68 trabaja en una de las carnicerías más históricas de nuestra ciudad. Llega en su bicicleta bien temprano para recibir la carne, la baja, la limpia, atiende a los clientes y hace unos chorizos que son su mejor carta de presentación.
En la esquina de Madero y Alem se levanta una de las carnicerías más históricas de nuestra ciudad. Con viejos ladrillos a la vista y la puerta doble, el negocio invita a conocer un poco sobre nuestra historia y a descubrir a un carnicero de alma.
Luis cuenta que su abuela llegó a San Fernando en 1890. Recuerda cómo era el barrio y cómo fue cambiando el negocio con el paso del tiempo. Mientras prepara la carne, recorre parte de su historia, comparte el San Fernando de ayer y de hoy.
Comenzó haciendo repartos con su bicicleta cuando terminó “primero inferior”. Heredó el oficio de su padre y después de 68 años de trabajo ininterrumpidos cuenta que seguiría eligiendo ser carnicero. La mesada de mármol, la sierra y picadora de carne son las mismas desde cuando en 1950 su padre mudó la carnicería en Madero y Alem. “El que fabricó esta máquinas se debe haber muerto pobre. Nunca se rompieron”, dice y sonríe mientras atiende el negocio. Tres generaciones de clientes han sido atendidas por él.
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